Versión para imprimir 15/09/13



Con una hora de más

Según lo que cada persona hizo con la hora de más que le regaló el gobierno (yo sí los voté), se podría definir la personalidad de ese uruguayo, de acuerdo con un estudio realizado por la Universidad de Minnesota, en el estado de Carolina del Norte. La investigación, a cargo de Desmond Hume y que fue hecha con ratones de laboratorio, concluye además que esas personalidades poseen ciertos patrones identificables que se repiten y, por lo tanto, permiten elaborar seis categorías dentro de las cuales se puede encasillar a Iker Casillas o a cualquier otra persona. A continuación pasamos a exponer las categorías derivadas de los resultados:

-Una hora más de baile: en este grupo se encuentran quienes probablemente mejor aprovecharon la hora extra. Los jovenzuelos frenéticos, que de a poco se van reencontrando con sus antros favoritos luego del duro verano, se sintieron extasiados cuando en medio del aigachiorló la voz del dj recordó a todos que atrasaran sus relojes (aunque en realidad nadie lo hizo porque éstas generaciones, que ya nacieron con celular, no tienen la más mínima idea de qué es, dónde se usa o para qué sirve un reloj). De este modo, los ganadores tuvieron una hora más de amasije. Los laburantes contaron con tiempo extra para desplegar sus estrategias y, los perdedores, una hora más de frustraciones. Roberto Vatsesentaynueve, encantado.

-Una hora más en Cuevana: hay otro tipo de jovenzuelos, y no tan jovenzuelos, que suele utilizar la noche de los sábados no para salir de parranda sino para amiopiar sus ojos ante la pantalla de Cuevana, previa espera de 300 segundos. Éstos suelen ser los más feos o retraídos pero también los más inteligentes y estudiosos. Es decir, los perdedores de la vida. Aunque ahora sufran explotándose los granos y su mayor placer nocturno sea mirar Dexter, algún día el mundo será de ellos... Está bien, no.

-Una hora más de sueño: aquí está el resto de los mortales que no son como el Bamba Veira, quien confesó alguna vez que le gustaba tanto la noche que al día le pondría un toldo. Lo que suele hacer este grupo apenas desaparece el sol, es sencilla y hermosamente: dormir. Quizá la función biológica más placentera que pueda existir. Para los que de verdad lo necesitan o lo desean, esos luchadores de la semana que se mofan del día de playa o del asado, que valoran la compañía de una almohada rechoncha... Para ellos, levantarse a las 12 del mediodía, y que recién sean las 11, es un regalo del cielo.

-Una hora más de trabajo: este es el grupo menos agraciado, según los datos obtenidos por la investigación. Aquí se encuentran los serenos, taxistas, cantineros y médicos de guardia para quienes la hora de más está de menos. Cuando piensan que están a nada de concluir su jornada laboral, el martirio se extiende 60 minutos más.

-Una hora más en cumpleaños (opción divertido): éstos son aquellos a los que el cambio de horario los agarró justo en un cumpleaños o celebración cualquiera donde se la está pasando bastante bien. Con tíos borrachos, serpentinas por collares, trencito y por qué no una charla profunda sobre el valor de la amistad. En estos casos, la hora plus viene al pelo, y se celebra con vítores. Cuando el reloj marca las dos, los borrachos más precavidos y puntillosos (que suelen ser economistas) anuncian a los gritos, y alzando la copa de sidra, que hay que cambiar la hora. Como si fuese Año nuevo, todo el mundo se abraza, rellena los vasos, sube el cuarteto de Córdoba y celebra la generosidad del Dios.

-Una hora más en el cumpleaños (opción aburrimiento): distinto es el caso si el cumpleaños y/o despedida de soltero y/o fiesta de aniversario y/o recibimiento y/o reunión de copropietarios es una verdadera tortura de aburrimiento, y cuando uno está por encajar la gran: “Disculpá pero ya son las doce y mañana madrugo”, el anfitrión puede esgrimir con total autoridad que uno no tiene nada de qué preocuparse porque “mañana cambia la hora”. No queda otra que sentarse, pedir otra ronda de clericó y limitarse a asentir con la cabeza todos los comentarios durante una hora más.

-Una hora más de mikado: una sola persona fue identificada en esta categoría. Como su nombre su indica, en el momento mismo del cambio de hora, el susodicho estaba practicando el milenario juego de los palitos chinos que caen unos sobre otros. Esa persona soy yo.


 





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Super Show Room
Por Martín Otegui Piñeyrúa

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